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Noemí Martínez, directora del museo Casa Botines: "Es muy importante que la primera experiencia de un niño en un museo sea positiva"

Entrevistas
02 diciembre, 2019

Sin creatividad, Noemí Martínez no sería hoy la directora del Museo Gaudí Casa Botines. Licenciada en Historia y especializada en Arqueología, cuando se convirtió en madre comenzó a adaptar contenidos de museos a diferentes públicos y cuando hace dos años la fundación Fundos se hizo cargo y musealizó Casa Botines, les propuso un proyecto para crear un departamento de educación y acción cultural que llegase a todos los públicos.

Su formación y experiencia como arqueóloga le ha aportado un gran conocimiento a la hora de interpretar el arte en toda su extensión, pues como ella misma explica, tenía que saber desde cómo se cimenta un edificio hasta cómo se crea un pigmento. Como coordinadora del DEAC transmite sus conocimientos y su pasión a los más peques y como directora del Museo no deja de pensar en ellos a la hora de implementar novedades en este lugar.

¿Qué líneas tiene el DEAC de Casa Botines?

La primera, la adaptación a los centros educativos. Lo que buscamos son aspectos del currículo que podamos explicar aquí. Con este edificio la verdad es que lo tenemos muy fácil porque, además de las obras de arte, Gaudí es un personaje que amaba la naturaleza, los animales, las formas geométricas… podemos adaptar casi cualquier currículo, sobre todo en Primaria. Luego en ciclos superiores lo enlazamos también con el urbanismo de León o el desarrollo de las ciudades. Para mí esta parte es muy bonita, que los niños vean que todo lo que están dando en clase sirve, existe y tiene una aplicación práctica. 

En segundo lugar, la conciliación de la vida laboral y familiar. A mí me parecía muy importante que el museo no ofreciera únicamente un servicio sino que formara parte de la sociedad  y ayudara a esa conciliación, y por eso nuestros talleres de Navidad, Halloween, Semana Santa y Verano.

Y por último, la adaptación a colectivos y asociaciones para intentar que determinados públicos que nunca acuden a los museos porque les resulta muy difícil -niños con implante coclear, espectro autista, parálisis cerebral…-  encuentren un espacio en el museo. Hemos hecho varias actividades con la colaboración de algunas asociaciones, como una vez con un niño con deficiencia auditiva y autismo. Vino él solo y con tres monitoras porque tenía aversión a los museos ya que sus experiencias habían sido negativas. Salió encantado. Para mí fue súper satisfactorio.

Se acerca Navidad, ¿en qué consisten estos talleres que hacéis?

El horario es de 9 a 14 horas y siempre están relacionados con el reciclaje porque precisamente Gaudí fue uno de los precursores de la reutilización de materiales. Además de las actividades, siempre recorremos el museo y les hablo del trencadís o de cómo se conecta Gaudí con la naturaleza y sus formas. Los grupos son de 15 niños como máximo, de edades comprendidas entre los 4 y los 12 años. Siempre intentamos que los mayores ayuden a los pequeños porque se crea un vínculo colaborativo muy interesante.

En verano también salimos al Parque del Cid para que cojan hojas, vean animalitos, les hablamos de los pájaros que hay, de la fauna urbana… Y también les insisto en que observen el trabajo de sus padres y abuelos, igual que hizo Gaudí, pues el trabajo de forjadores de su familia se refleja mucho en su obra. Que se fijen porque siempre aprenderán algo.

¿Por qué es Casa Botines un museo adecuado para las familias?

Una de las cosas que más le gusta a los niños son las recreaciones y aquí tenemos la de la tienda de telas, la del banco y la de la vivienda, donde pueden ver en directo cómo eran esos espacios. También la pinacoteca, que aunque en principio pueda parecer dura, tiene un recorrido circular y una diversidad de obras de arte -desde mediados del XIX hasta pleno siglo XX- que puede ser dinámica para ellos. Ahora vamos a hacer una reforma en la planta noble y en ella habrá una parte específicamente dedicada a los niños, con una línea de lectura para ellos en la que se explicará el museo a través de unos personajes y donde tendrá mucho protagonismo el dragón. También el próximo año contaremos con una visita familiar que incluirá un pequeño taller con un precio especial para familias. Para mí es muy importante que la primera experiencia de un niño en un museo sea positiva porque eso definirá su futura relación con estos centros.

¿Qué lecciones nos dejó Gaudí para los más peques?

La comunión con la naturaleza. Él decía que el hombre no había inventado nada, que todo estaba en la naturaleza y que únicamente había que observar. No hay que olvidar que Gaudí de pequeño estuvo aquejado de unas fiebres reumáticas que le impidieron ir al colegio, así que se sentaba al sol y observaba, algo fundamental hoy dentro de la sociedad de la inmediatez en la que vivimos.

Por otra parte, cuando construía un edificio, contaba una historia con él. Todo ese mundo simbólico de Gaudí me parece muy importante, ver cómo se pueden canalizar y expresar muchos sentimientos en un edificio y que las historias no se cuentan solo a través de libros o películas.

Y luego, la importancia de las matemáticas a la hora de construir. A los estudiantes les cuesta mucho ver el mundo matemático aplicado a la realidad, pero aquí les hablas de los arcos, por ejemplo, y ven que lo que aprenden en clase sí sirve para algo. También me gusta que vean que este museo no es únicamente arte e historia; aquí puedes hablar hasta de biología con la erosión de las piedras. Gaudí, a pesar de ser del siglo XIX, era muy del Renacimiento, tenía gran conocimiento de todo, algo que hemos perdido mucho con la especialización en los siglos XX y XXI.

¿Por qué es tan importante trabajar la creatividad con los niños?

Vivimos en una sociedad poco creativa porque todo está muy dirigido, por una parte en el cole, y por otra a través de las nuevas tecnologías, pero la creatividad es algo que va a ser importante a lo largo de toda su vida, incluso para el que va a ser médico. También es una vía de escape para ellos, una manera de no verse sometidos a esta sociedad de horarios y exigencias. Yo, cuando me preguntan si algo les ha salido bien, les pregunto a ellos si les gusta… En el arte no hay cosas bien o mal hechas sino que transmiten. Y les insisto mucho en que todo tiene solución porque en cuanto algo se les rompe se frustran, pero ahí entra en juego la creatividad, pensar cómo lo vamos a arreglar. Intento que vean el error como una posibilidad de mejorar.

¿Qué has aprendido en estos dos años de los asistentes a los talleres?

Que son capaces de hacer muchas cosas, incluso cosas que ni ellos ni yo pensábamos que iban a lograr hacer. Que la libertad creativa es lo que más les satisface porque al final se van contentos con algo que han creado ellos. Hay padres que me dicen que sus hijos no tienen imaginación, pero es que a lo mejor no han tenido la oportunidad de desplegarla. Es cierto que hay niños más y otros menos, pero todos los niños son imaginativos.


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